viernes, 27 de mayo de 2011

La Feria de Los Sueños Olvidados


A veces Valeria solo necesitaba desparecer del mundo por unas semanas.
Distanciarse de esa realidad que tanto le asqueaba y le confundía.
El sitio perfecto para ello era sin duda la vieja feria de "los sueños olvidados", donde la nostálgica y majestuosa noria de madera le trasladaba a mundos fantásticos y estrafalarios que solo existen en la mente de los niños.
Porque Valeria era ante todo eso, una niña asustada que no quería crecer.
Y durante esos días vivía entre nubes de algodón y trenes de la bruja. Sin mas familia que la mujer barbuda y el payaso triste. Y vagabundeándo entre la magia de tarot y las jaulas de los tigres
Eran esos días los que permanecían en su memoria, esas tardes de risas con sabor a palomitas de maíz..

jueves, 26 de mayo de 2011

Sin Máscara


Ahí estás, disfrazada de chica mala, finjiendo una mirada felina y una actitud despreocupada..
Pero miras con cobardía.. intentando sin éxito ocultarme tus verdaderas intenciones..
Yo sin embargo no caigo en la trampa, ya son muchas las veces que has intentado engañarme, y  asumámoslo, no se te da nada bien...
Eres demasiado niña para esta clase de cosas.
Tus manos, temblorosas, te delatan. Al igual que tus ojos nerviosos y el movimiento acompasado de tus piernas.
Admítelo, no estas hecha para la mentira.. y eso es una de las cosas que me gustan de ti.
Junto con tu nerviosismo exagerado y tu forma tan graciosa de reír.

Házme un favor.. si quieres gustarme, gustarme de verdad, no intentes ser algo que no eres.
Quítate esa máscara de mediocridad, y deja que el mundo admire lo que yo veo cuando te miro a los ojos..

domingo, 22 de mayo de 2011

Paula

PAULA es una de esas chicas que constantemente se ríen de ti.
De esas que juegan contigo y se cansan después.
De las que NO creen en el amor, y se ríen de los cuentos de hadas.
Paula era la niña que se burlaba de las princesas y bailarinas.
La que ensuciaba de barro los vestidos rosas para ver la cara de su madre.

Ella es la chica de pelo mandarina, adicta a la café solo, sin azúcar.
Es una droga ácida que te hace su esclavo al primer contacto.
Es excéntrica e irreverente.
No hay PROMESAS en las noches con Paula. No hay mañanas, ni futuros.
CERO ATADURAS. Paula no está hecha para esas cosas...
Si bajas la guardia, estas perdido.
Porque la risa de Paula puede clavarse en tu estomago y agarrarte para siempre.

Yo caí en sus redes hace ya muchos años. Y aquí estoy, atrapado, avocado a la voluntad de Paula.
Esperando que me saque del baúl que comparto con otros de sus juguetes ROTOS.

Solo deseo que se de cuenta pronto de que ya se le pasó el TIEMPO de jugar con muñecos...

sábado, 21 de mayo de 2011

Miedo


Tenia miedo a dejar de ser un niño, a no volver a ver a Cassie . A volver a sentirme rechazado por alguien. Tenia miedo de que Naia no me correspondiera...
Mis piernas parecían pensar por mi. Corrí, lejos, muy lejos, tanto como me permitió ese terror indómito que me entumecía los pies..
Paradójicamente, solo cuando vi el humo saliendo de la casona, dejé de tener miedo...

El Adiós a la infancia

-Se acabó. ¿No es cierto?
-¿De que hablas, Naia?- dije desconcertado.
-Habla de que se acabó. De que nunca mas seremos unos niños. Habla de que ya jamas volveré a ser Cassie, tu Cassie, la que conoces desde los seis años. Habla de que cuando mañana amanezca seré Cassandra de Lancasther, y no volveréis a verme. ¿No lo entiendes?
Los ojos de la joven se encendían fogueantes por la ira como si presagiaran el destino de su dueña.  Sus palabras sonaban tan llenas de rabia que parecía imposible que salieran de esa joven de aspecto aniñado y alborotado cabello.
-Lo siento, Cassie... yo.. no pretendía..
-Perdóname... -dijo Cassandra intentando contenerse.
- Tranquilos, aun nos queda una noche para despedir a la infancia- afirmó Naia en todo conciliador- Y tengo en mente la forma perfecta para hacerlo.

Naia

<<3 años antes>>

El día del incendio en la casa de los Balmhes era un jueves como cualquier otro. Cassie y yo reíamos por los interminables pasillos de la casona junto con Naia, la hija del encargado de las caballerizas.
Naia era una joven peculiar. Una de esas chicas descaradas y valientes. De esas que mirarían de frente al mismísimo diablo sin pestañear. Sus ojos negro azabache eran grandes y tristes, y su pelo moreno y ondulado serpenteaba salvaje sobre su espalda.
Sus tiernos quince años la dotaban de una belleza carnal y caliente que contrastaba con los rasgos perfectos y fríos de su inseparable amiga.

Cassandra por aquella época tenia una belleza gélida pero hipnotizadora. Sus cabellos rubios y lisos se deshacían en infinitas mechas que muchas veces caían sobre sus ojos, serenos y penetrantes, del color de las perlas.
Ambas eran realmente preciosas, y yo como siempre estaba en medio de las dos.

Escuchábamos embelesados como la joven campesina nos relataba sus aventuras en el bosque o nos informaba sobre los cotilleos que rondaban el pueblo, muchos de ellos sobre la familia de Cassie, los Duques de Balmhes y poseedores de mas de un tercio de las tierras de Dhelyra.

Yo , en esos años vivía en casa de mi tío y  maestro, Sorbil, que me entrenaba para ser un Crathos. Un protector de la reina.
En realidad mi vida consistía casi exclusivamente en entrenar con la espada , el arco,  y defenderme en el lenguaje de las Hiedrass. Por eso, el poco tiempo que me sobraba lo exprimía al máximo.

Llegó un punto en la conversación en el que la campesina se paró en seco.
- En serio , Sandra. ¿que te pasa?.-Cassandra apenas había soltado ninguna de sus habituales carcajadas ante las extravagantes historias de Naia.
-Nada, es solamente que no puedo fingir una sonrisa cuando no la siento- dijo de una forma timida pero convincente.
-¿Ahora vas a tener secretos con nosotros?- Dije yo, interrumpiendo su conversación.
-No es un secreto. Es mas , mañana probablemente lo conocerá toda Delhyra.
-No puede ser.. -susurró Naia, mientras esbozaba una mueca de disgusto.
-¿que pasa Nai?- Titubeé nervioso
Las dos adolescentes se fundieron en una mirada interminable que apenas llegué a descifrar.
-Mi padre.. ya ha decidido.-Dijo la joven noble con gesto de resignación.
-¿cuando?
-Este verano. Era cuestión de tiempo, Naia,  ya tengo dieciséis años.
-Con.. ¿con quien?- disparó la campesina sin mas rodeos.
-Será con Maik Lancasther, el sobrino de la reina. La ceremonia se celebrará dentro de cincuenta lunas.

Durante los siguientes instantes apenas se oyó un ruido en esas cuatro paredes que poco antes estaban inundadas de risas. Los ojos de Sandra se llenaron de lágrimas, aunque ninguna llegó a profanar su pálida piel.
El Conde Maik, era uno de los mayores terratenientes del continente. Y había capitaneado el escuadrón negro en la batalla que dio el poder a su majestad, la reina Irina.
Pero contaba ya con mas de cincuenta años.. y su aspecto soportaba el fulgor de mil batallas, y millones de reproches.
Era una buena jugada para asegurar la posición social de los Balmhes, pero no auguraba  felicidad para su hija.

Cassie simuló torpemente una sonrisa, aunque esa habilidad la iría perfeccionando con los años.
Ninguno de los tres supimos que decir. Solo Naia rompió el silencio minutos después, para proponer una idea que marcaría nuestra vida para siempre.

viernes, 20 de mayo de 2011

Cassandra

Cassandra se despertó con una sonrisa muerta colgada en su cara.
Era algo común en ella desde los últimos años. Sonreía sin motivo, de forma inconsciente. Sonreía para sí misma, como si con eso pudiera convencerse de que todo iba bien, de que era fuerte.
Lo que no sabia, es que yo, al otro lado de la cama, sabia perfectamente escudriñar sus pensamientos.
A mi no me engañaba con sus buenas formas, con su expresión dura e impasible. Porque yo la oía llorar todas las noches a mi lado, intentado contenerse para no despertarme.
Y lo peor es que yo no la abrazaba.
Fingía dormir para no tener que afrontar la verdad.
Me culpaba a mi.
Y eso era demasiado doloroso, demasiado incluso para un Krathos como yo.


Cassandra se deshizo de las sabanas blancas en un brusco movimiento, tirándolas sobre la cómoda que presidia la estancia. Se levantó ágilmente de la cama y se vio reflejada en el gran espejo de plata que colgaba del techo.
Entonces, su artificial sonrisa se desvaneció de golpe. Quizás por que creía que no podía verla, o quizás por que no podía aguantar la imagen que se mostraba ante ella.
A sus escasos dieciocho años Sandra hubiera sido de una de esas bellezas imposibles de olvidar.
Sus ojos grises, de aire melancólico habrían enamorado a cualquier ser sobre la tierra. Pero era difícil fijarse en ellos si las llagas de su rostro luchaban por llamar tu atención.
Las marcas del fuego ocultaban lo que años atrás era la envidia de todas las jóvenes de Dhelyra.
Casi toda su cara quedaba cubierta por las heridas, y solo sus ojos y parte de la boca lograban mantener un aspecto normal.


A pesar de todo, la pequeña Sandra había hecho lo imposible por mantenerse a flote.
Ni siquiera quiso quitar el espejo de su habitación. Ni quiso ver médicos ni curanderos. Y quemó todo cuanto le recordaba al pasado.
Porque no quería nunca olvidar quien era ahora, y sabia que ese espejo mataría todas sus esperanzas en un solo reflejo.
Sabia bien que la mas terrible realidad es mejor que la mas bella de las ilusiones. Porque las ilusiones son solo eso, ilusiones, castillos en el aire que nunca serán de verdad.


La joven se esforzó en mantener la cabeza alta, en mirar a los ojos a esa extraña que estaba ante ella.
Nunca podría recuperar su vida, su vida se extinguió con el fuego.


Ni siquiera me habló, solo me dedicó de nuevo una de sus sonrisas enlatadas, sin saber que con ella me hacia mas daño que con la mas fuerte de las puñaladas.