viernes, 20 de mayo de 2011

Cassandra

Cassandra se despertó con una sonrisa muerta colgada en su cara.
Era algo común en ella desde los últimos años. Sonreía sin motivo, de forma inconsciente. Sonreía para sí misma, como si con eso pudiera convencerse de que todo iba bien, de que era fuerte.
Lo que no sabia, es que yo, al otro lado de la cama, sabia perfectamente escudriñar sus pensamientos.
A mi no me engañaba con sus buenas formas, con su expresión dura e impasible. Porque yo la oía llorar todas las noches a mi lado, intentado contenerse para no despertarme.
Y lo peor es que yo no la abrazaba.
Fingía dormir para no tener que afrontar la verdad.
Me culpaba a mi.
Y eso era demasiado doloroso, demasiado incluso para un Krathos como yo.


Cassandra se deshizo de las sabanas blancas en un brusco movimiento, tirándolas sobre la cómoda que presidia la estancia. Se levantó ágilmente de la cama y se vio reflejada en el gran espejo de plata que colgaba del techo.
Entonces, su artificial sonrisa se desvaneció de golpe. Quizás por que creía que no podía verla, o quizás por que no podía aguantar la imagen que se mostraba ante ella.
A sus escasos dieciocho años Sandra hubiera sido de una de esas bellezas imposibles de olvidar.
Sus ojos grises, de aire melancólico habrían enamorado a cualquier ser sobre la tierra. Pero era difícil fijarse en ellos si las llagas de su rostro luchaban por llamar tu atención.
Las marcas del fuego ocultaban lo que años atrás era la envidia de todas las jóvenes de Dhelyra.
Casi toda su cara quedaba cubierta por las heridas, y solo sus ojos y parte de la boca lograban mantener un aspecto normal.


A pesar de todo, la pequeña Sandra había hecho lo imposible por mantenerse a flote.
Ni siquiera quiso quitar el espejo de su habitación. Ni quiso ver médicos ni curanderos. Y quemó todo cuanto le recordaba al pasado.
Porque no quería nunca olvidar quien era ahora, y sabia que ese espejo mataría todas sus esperanzas en un solo reflejo.
Sabia bien que la mas terrible realidad es mejor que la mas bella de las ilusiones. Porque las ilusiones son solo eso, ilusiones, castillos en el aire que nunca serán de verdad.


La joven se esforzó en mantener la cabeza alta, en mirar a los ojos a esa extraña que estaba ante ella.
Nunca podría recuperar su vida, su vida se extinguió con el fuego.


Ni siquiera me habló, solo me dedicó de nuevo una de sus sonrisas enlatadas, sin saber que con ella me hacia mas daño que con la mas fuerte de las puñaladas.

3 comentarios:

  1. Me has encogido el corazón con tus palabras, y tu historia.
    Escribes sensacionalmente bien!
    Por supuesto que te sigo.

    Y aunque finga sonrisas que apuñalan, Sandra me parece una de las personas más fuertes que pueden existir, el valor de mirarse en un espejo y seguir a flote...

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  2. hoy hubo un incendio a la salida de vigo, había un helicóptero que llevaba auga, descargó una de las grandes bolsas sobre los árboles, la mayoría eucaliptos, e imagino que algún pino, a los tres o cuatro segundos, gotas de agua cayeron sobre mi coche, me sorprendió, no lo esperaba, porque el helicóptero estaba bastante lejos, me hizo pensar en el poder del aire, tan invisible, y tan fuerte,
    muy interesante tu entrada :)

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  3. ahora que estoy con el portátil, antes de doooormir, te sigo (desde el ipod no me dejaba:)
    boa noite :)
    PD: jo, ya no sabía dónde estaba la entrada! :)

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